EL AUTOR INSATISFECHO (relato)

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Nada más entrar en el plató ya me di cuenta de que algo no iba bien. ¿A qué venía ese decorado tan barroco, con tanta profusión de terciopelo rojo, tantos divanes… Por no hablar de esos espantosos murales, llenos de venus, sílfides, efebos y sátiros varios. En mi novela lo decía bien claro: ambiente suburbial, su-bur-bial. Aquello no parecía ni de lejos un garito clandestino de los años de la Ley Seca, y además… ¿dónde estaba la atmósfera sofocante, el humo que, según mi obra, “emborronaba los contornos de muebles y personas”? ¿Dónde ese aire tan denso que “se podría cortar con un cuchillo”? No, si ya me habían advertido que las adaptaciones de aquel directorzuelo dejaban mucho que desear, que le gustaba mucho cambiarlo todo para dejar su impronta. Pero lo aberrante del decorado no fue, con todo, lo peor. Mi indignación alcanzó grados de ebullición cuando aparecieron en escena los dos primeros personajes. Aun considerando que la corbata de lazo que ambos actores lucían podía conferirles cierto aspecto de camareros, el hecho de que tal indumento fuera el único que ostentaban sobre su desarrollada anatomía se apartaba radicalmente del guión original y, además, el objeto que debía aparecer en la mano de uno de ellos era un revólver, no aquel… aquel… ¿qué era eso? Un pepino, que me aspen si no era un pepino.

 Luego, encima, ni el texto concordaba: la frase de entrada tendría que haber sido “parece que habrá jaleo esta noche, Jones”, y sin embargo, uno de aquellos musculitos comenzaba a farfullar no sé qué de lo que iba a hacer con la hortaliza que tenía en la mano.

 Aquello no podía continuar; no estaba de ningún modo dispuesto a que mi reputada novela fuera tergiversada de tal manera, así que decidí interrumpir el rodaje.

 -¡Esto es intolerable! -clamé a voz en grito, sobresaltando al del pepino y a su compañero- ¡No voy a consentir que mi novela “Cuando hablan las armas” se vea alterada de esta guisa! ¡Me niego a que se siga adelante con tamaña farsa!

 -¡Corten, corteeen! -gritó una voz desde la penumbra- Pero… ¿qué hace usted, hombre? ¡En este plató estamos rodando “Dos hombres y un pepino”, para Producciones Satiricón!

 Lo que me faltaba: habían cambiado hasta el título. Como me puse gallito, tuvieron que llamar a un fornido guarda de seguridad para que me desalojara. Una pena, porque tenía cierta curiosidad por ver qué coños hacía finalmente aquel par de mancebos con el dichoso pepino.

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